Psst... Vente aquí... acércate... has silencio un momento... préstame atención... yo hoy voy a contarte un secreto.
Fue en la noche cuando caminaba para donde la luna trasciende el blanco perla y se vuelve un tanto más de color neon y suele confundirse con los faroles que interrumpen la misma oscuridad: la oscuridad de la noche.
Caminaba esa noche entre montes altos de concreto y había un silencio, un silencio más profundo que el que haces ahora que te cuento mi secreto.
Sentía como mis piernas se convertían en un par de alas eternas quebrando la barrera entre el no llegar a nada y el aire. Sentía un par de alas alzándome en vuelo y es que iba tan alto, alto, alto.
Mis manos temblaban de ansiedad haciéndose dos fuerzas inútiles en potencia de matar, querían ahogar, sofocar, desahuciar y solo temblaban. Blancas cómo son sólo veían gusanos de mi sangre morada en circulación y mi sangre sentía el temblar, temblar, temblar.
Mi camino se veía infinito; relativamente sujeta al infinito.
Mis ojos desorbitados, mis pupilas concentradas en evolucionar mis círculos centrales del café al azul, luego al verde terminando negros. De ese azul queriendo ser negro y ese negro queriendo ser azul. No eran nada. Mis ojos locos me ubicaban en mi espacio, manejaban el instinto de sobrevivir los objetos, el sistema infernal que me rodeaba. Desesperada por llegar, quería poder controlar y todo era tan infernal, infernal, infernal.
Mis oídos zumbaban, esas voces subliminales que no callaban; subliminal mi cerebro en blanco, recubría con palabras de odio mi sistema y aún hoy resuenan en el eco de la culpa. Los oídos sangraban con el sentir de ondas propulsoras de gritos fusionados dentro del tímpano y todos subliminales, subliminales, subliminales.
Mis labios... mi boca, se movían mucho más fuera de sí que el resto de procesos corporales. Rezaban en silencio de alza de voces en cuerdas sofocadas por llaves que dejan gemir por momentos el dolor que se se lleva dentro. Corrían al silencio externo susurrando, suplicando y gimiendo, gimiendo, gimiendo.
Toda yo envuelta en frío, mojada en sudor pegándome por partes a mi misma.
El camino infinito se vuelve relativo y termine al fin, en plena epilepsia circunstancial, hincada al ras del lugar en donde las ideologías se consumen en una y la hipótesis se concreta en un sólo hecho: El cuerpo no es más qué, en la realidad del ser humano, un deshecho que termina al final del paradigma universal evolutivo y es comida de aquellos en cadena alimenticia.
Mis pulmones, envueltos por el impulso colapsador, suspiraron.
Coordino así, en posición, romper por conjuntos de células los tejidos; esos tejidos que cubren el sector amamantador de vida y ahora tal parece, sede del más profundo dolor. Fluyeron coágulos de sangre, huesos debilitados hechos cartílagos, SE EXPONE...!!! Le ha llegado el momento al corazón.
Momentos elementales coordinados para flujos sanguíneos es el corazón.
Martirios desorganizados fulminantes suicidas corta punzantes es el corazón.
Meteoros cósmicos con la fuerza de las galaxias haciendo un BOOM caótico es el corazón.
Y te digo ahora, que te cuento mi secreto, el por qué de todo esto FUE EL CORAZÓN.
Hmmm, quienes creen saber tienen por sabido que esa noche yo morí por el mal de amor, pero yo tengo un secreto que confesar: Si morí no fue por amor. Si morí fue por volar; si morí fue por temblar; si morí fue por lo infernal; si morí fue por lo subliminal; sí morí fue por gemir; SI MORI FUE POR MI, SI MORI FUE POR DEBIL, PERO NO... NUNCA, NUNCA, MORÍ POR AMOR...!!!
jueves, agosto 03, 2006
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